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19 octubre 2007

¡CONVOCO EL PODER DE LAS CUAIMAS!

Queremos contarles el caso de una cuaima (SILVIA) que se siente fatal porque después de tanto esperar, por fin salió con el tipo que la mataba y ella SIENTE que la puso y no encuentra qué hacer.

SILVIA nos contó que la bendita cita comenzó malísimo porque confundió la hora. Él le dijo que la pasaba buscando a las 8:30 de la noche y por razones desconocidas ella entendió las 9:30 (“no sé por qué oí 9:30, además cuaimas, ¿quién sale a las 8:30 de la noche?”)

Lo cierto es que si normalmente una cuaima se tarda un pelo más en salir cuando la buscan a la hora indicada, imagínense lo que tuvo que esperar este hombre que llegó UNA HORA ANTES.

A SILVIA no le quedó otra que, cuando él la llamó para decirle “estoy aquí afuera”, decirle: “oook, NO estoy lista porque pensé que venías más tarde... ¿por qué no te das unas vueltitas por ahí?”
El pobre hombre le dijo que no entendía por qué las cuaimas se tenían que tardar tanto, pero que estaba bien porque había sido una confusión.

¡Ay no cuaimas! que situación tan horrorosa: ¿tener sólo una hora para bañarte, ponerte las cremitas, el perfume, escoger la ropa, combinarla con los zapatos, vestirte, maquillarte y mirarte al espejo? Nosotras creemos que eso que hizo SILVIA fue todo un record.

Pero sigamos con el cuento… Ella NO estuvo tan contenta con su record porque se vistió con algo así todo rapidito y no quedó totalmente satisfecha, peeeero tampoco tenía chance de cambiarse.

Y ahí ya tuvo el primer error: Salir en una primera cita sintiéndote incómoda con la ropa que llevas puesta es malo porque eso automáticamente se convierte en “me siento fea” y lo vas a reflejar.

Cuando por fin salió de la casa, el tipo no aparecía. Lo llamó al celular y no contestaba. Lo volvió a llamar y nada. A la tercera llamada él contestó y le dijo: “te llamó ahora que no puedo hablar”
SILVIA pensó “nada, lo raptaron, un secuestro Express, ¡Dios mío qué hago!” y por miedo volvió a entrar en su casa. A los 15 minutos suena su celular y ella: - “aló”, él: - “tú ¿puedes salir ya?” (SILVIA sintió que le estaban dando una orden militar y no le gustó mucho, pero igual salió)

¿A que no se lo imaginan?... Consiguió una patrulla de policía con todo y luces encendidas y junto a los señores estaba él: Su cita de la noche acompañado de dos policías.

Ella lo saluda y enseguida escucha cuando él le dice a los policías: - “¿ven?, estaba haciendo tiempo para que ella estuviera lista... ¿verdad SILVIA?”
Ella confirmó su coartada y dejaron en paz al pobre hombre, que por andar dando vueltas como loco por la urbanización, los vecinos llamaron a la policía y dijeron que había un tipo sospechoso en un carro plateado. Él NO había podido hablar porque estaba mostrando sus papeles a los policías.

¡Por fin! ya estaban juntos y había que comenzar con la bendita cita (que la verdad ya no era tan bendita)

SILVIA le preguntó: - “¿a dónde vamos” y él en una de romanticismo le dijo - “Es una sorpresa... ¿tú comes de todo no?”
Ella le respondió que sí para no quedar mal, y también lo hizo porque en realidad lo único que NO come es japonés... Y ¡zas! acto seguido un restaurante japonés.
SILVIA casi se muere, pero NO dijo nada sino que pensó algo como “¿qué demonios?, escojo algo que no esté crudo y ya” Peeero, en otra de romanticismo y caballerosidad, él decidió ordenar por los dos.

Dice SILVIA “tenían que verme cuaimas, casi devolvía todo en su cara porque NO puedo con la comida cruda, sea japonesa, árabe o lo que sea, no puedo”
Lo bueno fue que él NO se había dado cuenta y ella pensó “ok, respira, esto es una buena anécdota para cuando salgamos la segunda vez y haya más confianza”

El rollo fue que en una de esas se pasó de “Wasabi” (condimento japonés extraído de una raíz del mismo nombre que tiene un sabor extremadamente fuerte) y empezó a llorar, a gotear por la nariz, hasta le faltó el aire… Y se convirtió en “la escena” del restaurante porque hasta los mesoneros fueron a auxiliarla.

No tuvo más remedio que confesarle al tipo que NO comía japonés y él se molestó porque ella pudo haberle dicho eso antes y no pasaba por esa incomodidad.
Después de perder el apurado maquillaje con la lloradera y no poder retocarlo (porque con el atore se le quedó el porta- cosméticos) se fueron a bailar.
Llegaron al sitio que ella había recomendado e insistido en visitar porque conocía a los dueños y ¿qué pasó?: ¡los rebotaron!

SILVIA, apenada, le decía al portero: - “disculpa, pero ¿está fulano?” y el portero: - “sí claro, me vas a decir que tú conoces al dueño”, ella: -“sí, es amigo de mi hermano y va mucho a mi casa, ¿lo puedes llamar?” y el portero: - “oye, pero que casualidad, él no está”

En medio de ese gentío, el portero tratándolos mal y el amigo de SILVIA le dijo “mejor nos vamos” Ella: - “¿a dónde?”, Él: - “te llevo a tu casa”
Así terminó la cita. No han hablado más y ella siente que quedó muy mal con él (la mentirosa, la creída que hace alardes de sus amistades importantes y malcriada por la mala cara que puso cuando regresaban a su casa)

SILVIA sabe que si salen de nuevo puede mejorar su imagen, pero él no ha llamado.
Nosotras te decimos: SILVIA, llámalo tú, tantea el terreno a ver qué tal responde él y date el chance de recibir un SÍ y demostrarle que eres mejor de lo que le pareciste la primera vez... O de recibir un NO y sales de dudas YA.

De todas maneras contamos con la ayuda de ustedes (cuaimas y hombres) para que le comenten a SILVIA lo que harían en su caso.
Cuaimas ¿llamarían o lo dejarían así?
Hombres ¿Qué piensan de todo esto que le paso a SILVIA? ¿Tiene razón o “se esta ahogando en vaso de agua”?

¡Gracias por toda la ayuda que puedan darle a esta cuaima que nos confió su gran preocupación amorosa!

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